Capítulo Sexto



LA PRIMERA VEZ

Durante la última semana mi entretenimiento se convirtió en la prioridad número uno. Me sentía mejor que la anterior e incluso diría que recuperé salud. En casa todo estaba tranquilo y Champiñón hacía días que no venía por el internet.
Hice mi colada durante toda la semana, aunque a veces pareciera que era yo quien centrifugaba. Exploré internet en busca de nuevos amigos e información que me sirviera para estudiar. Incluso me planteé estudiar algo más que inglés. Visité a mi tía en el centro de la ciudad. Limpié sin esfuerzo el internet durante toda la semana y me dediqué en cuerpo y alma a tener atendidos a todos los clientes. Por supuesto alguna que otra máquina se estropeó y me mantuvo atareado largas horas.
Yo sabía qué era lo que pretendía, estaba intentando mantenerme ocupado, distraído, de modo que no pudiera pensar más en mi enfermedad que, sin olvidar lo demás, era lo que más me mantenía la mente ocupada.
Estaba todo el día de un lado para otro, de modo que cuando llegaba la noche me encontraba famélico y exhausto.
Me quedaba casi dormido sobre el plato cuando terminaba de cenar todas las noches, incluso una vez me adormecí de verdad y no sé cómo llegué a mi cama.
Mi agotamiento interior no ayudaba mucho a mis intentos de mantenerme fuerte y sonriente , pero no me rendía.


Hoy me quedé muy quieto cuando me desperté en la mañana e intenté tener mi respiración acompasada. Tenía miedo de abrir los ojos.
Estaba tumbado con los pies fuera de la cama y comencé a balancearlos. Tenía miedo de admitir que estaba despierto, que estaba mal y que debía enfrentarme a un nuevo día sin fuerzas para pelear. Pero hoy no tenía nada que hacer. Mi semana estaba siendo tranquila.
Me senté sobre mi cama, planeando examinarme el cuerpo .Al menos sé que la sangre de la semana pasada no volvería a aparecer, pero saber que es del pecho, y que mi enfermedad está haciendo acto de presencia es espantoso para mis pocas fuerzas.
 Estaba entero, al menos, pero cuando me moví, me saltó ese extraño mareo que me presionaba hacia abajo como si pesara 1 tonelada. Me tambaleé y caí de nuevo sobre la almohada.




-Guau ... se me va la cabeza- dije en voz alta


La mitad de mi cabeza estaba intentado organizar hechos y pensamientos, mientras que la otra mitad intentaba controlar la capacidad de mover mi cuerpo.
Rápidamente pensé que saldría a pasear, y mi cuerpo utilizó una pequeña chispa de energía para poner mis pies sobre el piso.


¡Ring! ¡Ring! ¡Ring!


-¿Aló?- contesté
-He salido a comprar, bájate pronto al internet que quiero que estés allá cuando llegue- me dijo mi mamá al otro lado del teléfono
-Vale. Iba a tomar mi desayuno y bajo- dije con voz de sueño


El internet estaba limpio cuando bajé y prendí las computadoras.
Cuando prendí la mía tuve la sensación de aburrimiento. Otra vez aquí. Se hacía agotador repetir lo mismo cada día, aunque llevara poco tiempo, pensar que me quedaba un año era agotador. Ni siquiera habría nadie con quien hablar.
Entraré al chat. Susurré a la sala. Quizá charlando un rato el día transcurra más rápido.
Me recordé el papel de Champiñón. Siempre me insistía en que un chat de otro país era más interesante. Me gustaban más los chats en inglés para aprender, pero esta vez le haría caso.
Recuerdo uno ...
Supe cómo entrar y qué nick ponerme, 'amistadaladistancia'. Era el más apropiado para charlar y llamar la atención de la gente. Tal y como me contó Champiñón.


Um, cuánta gente ...


-Hola, qué tal?


Tuve que reconocer que me sorprendió que fuera la primera vez que tardaban tan poco en saludar ...


23 de diciembre, 


Hora local: 11:30h 
Hora en España: 18:30h









Capítulo quinto



EL SUEÑO 2


'Sé dónde vives, te encontraré. Y prometo que te haré daño'

¡Mantén el control!, pensé para mí. Tenía que vigilar mis estados de ánimo. Son muchas las cosas que me han pasado, en las que tengo que pensar y por las que tengo que luchar. Y tampoco quiero enfermar más.
Ese maldito mensaje me corrompía por dentro. He hecho cosas mal, pero no entendía por qué. Ya era la tercera vez que me mandaba este mensaje en estos dos años. Tengo miedo y nadie a quien acudir. Creo que sólo tengo una solución y es tomar el camino largo.


Des que me levanté el día se me estaba haciendo demasiado largo. Los pensamientos me agobiaban tanto que creo que toda la tarde en el internet la he pasado más fuera que dentro.
¿Qué era lo que se suponía que debía hacer?, informarme de cómo viajar a España ... ¿o conseguir a alguien que me ayudara?, sí, pero cómo. Un contrato de trabajo como Champiñón. 
Champiñón me contó una vez que era fácil conseguirlo, que allá es fácil conseguir cualquier cosa. No sé, no sé, concéntrate....
Cada minuto detrás de la pantalla era eterno, cada clic de mi ratón se hacía interminable, resonaba por cada esquina de cabeza. No sé lo que hago, no me atrevo a entrar.


-Hasta mañana-me gritó alguien al final de la habitación.
Había pasado toda la tarde sin apenas moverme del sitio. Cómo habría atendido a los clientes. Pero vi que mi hermana estaba allí mirándome con cara extraña.


-Qué pasó- me reclamaba
-Ah, ¡déjame!- le insistí sin mirarla. Sentía vergüenza por lo que pudiera haber hecho, o no, durante mi extraña tarde. Sentí no estar allí sentado.
-Uy, qué susto- me sobresalté al ver que mi hermana estaba frente a frente conmigo
-No seas pesada, Ángela- le dije apartándola hacia un lado.
-No has estado precisamente brillante hoy. Si no llego a aparecer echas a todos los clientes y los que no sea marchan sin pagar.
Me reí dejándome caer sobre una silla.
-¿No te parece torpe por tu parte defender el negocio así? - me gritaba ella.
-Ángela, cierra el internet, mañana lo limpiaré yo. Quiero dormir- salí despacio de la habitación.


En mi habitación las lágrimas brotaban solas. La sensación de pánico y angustia eran evidentes. Me quité toda la ropa y me tumbé sobre mi cama sólo con la ropa interior.


¿Por qué me resultaba tan desagradable chatear si tenía montones de amigos del chat?...


Era un persona completamente desconocida la que entrelazaba su cuerpo con el mío, con una gracia infinita. El suelo era blanco y apacible, como arena blanca, y el ambiente cálido, pero suave, me sentía bien con ese calor entre mis brazos.
Me di cuenta cuando el cielo empezó a iluminarse que estaba en un acantilado, no había nada a mi alrededor y los brazos que antes me parecían buenos, ahora me apretaban. Me estaba ahogando, quería gritar pero me resultaba imposible. Qué quería de mí, por qué no podía verle la cara, quería preguntarle por qué a mí. Yo le había querido, había dado mi vida por él  y ahora me hacía esto, sentía que me quería hacer daño, me apretaba, me pinchaba, sentía ardor y una punzada en el corazón, 'por qué a mí', me repetía una y otra vez, 'por qué a mí' .

Pero esta vez me contestó; 'Quiero acabar con tu vida'.
Mi corazón latía como rogándome que lo sacara de mi cuerpo. El sudor recorría mi espalda y el aire gélido me hizo sentir que estaba completamente desnudo. Mi vida había quedado desnuda ante alguien que había amado con todo mi ser y, ese alguien ahora quería matarme.
'por qué a mí', le repetía, 'por qué a mí'. Pero no me contestaba. La boca me sabía a sangre y mi cuello reducía su entrada de aire. Cada vez estaba más cerca del acantilado, cada vez más al borde de morir.
Sentía que aquella persona a la que había amado me había robado lo más preciado, mi vida...
Y me vi cayendo por el acantilado.


¡Noooooooooooooooooooooooo...! Me sobresalté al abrir los ojos. No, no.
Mi cama estaba manchada de sangre y el sudor empapaba cada esquina de cuerpo.
¿Sangre? ...







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